Primera quedada “Del sofá al asfalto”, y no podíamos haber soñado con un mejor arranque. 

Hace justo un mes dimos el primer paso, tuvimos la suerte de poder reunirnos todos con el mismo fin: correr. El pasado 17 de mayo se celebró la primera quedada oficial “Del sofá al asfalto”, y no podíamos haber soñado con un mejor arranque. 

El escenario fue El Retiro, ese pulmón verde en el corazón de Madrid, el sitio perfecto. Lo que se vivió allí fue mucho más que una simple salida a correr: fue comunidad, fue energía, fue comienzo. 

La mañana comenzó con esa mezcla de nervios y emoción que solo se siente cuando sabes que estás a punto de hacer algo por primera vez. Aunque era un evento modesto en su planteamiento — una quedada informal, sin dorsales, sin cronómetro y sin meta —, la convocatoria superó todas nuestras expectativas. Más de 30 personas se presentaron en el punto de encuentro con una sonrisa, sus zapatillas listas y el corazón abierto. Muchos amigos apoyándonos pero también gente que veíamos por primera vez en nuestra vida. 

Lo especial y lo que mejor nos define, fue que había sitio para todos: corredores experimentados, quienes volvían a correr tras un largo parón, y muchos que, fieles al nombre del club, estaban literalmente pasando “del sofá al asfalto” por primera vez. Esa mezcla generó un ambiente muy especial. No había tiempos. No había presiones. Solo ganas de compartir, de moverse, de compartir hobby. De querer pasarlo bien y de como siempre decimos: Disfrutar de cada kilómetro.

Tras unas breves palabras de bienvenida y una ronda rápida de presentaciones, hicimos un calentamiento suave en grupo. Las risas comenzaron a fluir desde el primer estiramiento. Se notaba que, más allá de correr, la mayoría venía en busca de conexión, de pertenencia, de ese “empujón” que a veces necesitamos para dar el primer paso.

Uno de los grandes aciertos del día fue la organización en tres grupos diferentes para adaptarnos a todos los niveles. Hubo un grupo de CACOs (caminar-correr), pensado especialmente para quienes estaban dando sus primeros pasos en el running o retomándolo con calma; un grupo intermedio, con un ritmo sostenido y cómodo para quienes ya llevaban un tiempo corriendo; y un grupo más rápido, para quienes querían apretar un poco más. Esta estructura permitió que nadie se sintiera fuera de lugar, y reforzó nuestra filosofía: aquí hay espacio para todos. Porque correr no es una competición entre nosotros, sino un viaje que cada uno hace a su manera, pero en buena compañía.

Los grupos salieron a recorrer diferentes tramos del parque guiados por nuestras liebres. Entre charlas, bromas y esa sensación compartida de estar haciendo algo bueno por uno mismo. Lo mejor fue ver cómo, sin importar el ritmo o el nivel, todos llegaban al punto final con la misma cara de satisfacción. Había sudor, claro, pero también muchas sonrisas. Y cuando se dio por terminada la parte “oficial” de la quedada, nadie tenía prisa por irse. Nos quedamos allí, en círculo, charlando, compartiendo historias, hablando de zapatillas, de próximos retos y, sobre todo, de lo bien que sienta salir a correr acompañado.

Uno de los momentos más bonitos del encuentro fue cuando algunos se animaron a contar qué los había llevado hasta ahí. Hubo historias de superación, de volver a empezar, de luchar contra la pereza, de querer recuperar la motivación, de buscar comunidad. Y fue en ese momento cuando entendimos que esto era solo el principio. Que “Del sofá al asfalto” no es solo un nombre simpático para un club de running, sino un reflejo real de lo que mucha gente está viviendo: el deseo de dejar atrás la inercia del sedentarismo y lanzarse a una vida más activa, más consciente, más conectada con uno mismo y con los demás.

Antes de despedirnos, hicimos una foto de grupo que ahora guarda un lugar especial en nuestras redes y en nuestros corazones. Es la imagen de un inicio, de una semilla que estamos plantando con mimo. Porque sí, correr es salud, es físico, pero también es emocional. Es tener un lugar al que pertenecer, un espacio donde no se te mide por tu marca sino por tus ganas.

Desde aquella mañana, no hemos dejado de recibir mensajes de agradecimiento, de gente que quiere sumarse, de quienes ya están preguntando por la próxima quedada. Y eso nos confirma que este camino tiene sentido. Que, paso a paso, zancada a zancada, estamos construyendo algo bonito.

A los que vinieron, gracias por la confianza, por la energía, por demostrar que el running puede ser inclusivo, amable y divertido. A los que no pudieron venir, no os preocupéis: esta fue solo la primera. Vendrán muchas más.

Porque ya lo hemos dicho y lo seguiremos diciendo: no se trata de ser el más rápido, sino de ser constante. Y si es en compañía, mucho mejor.

Nos vemos en la próxima, el 21 de junio. ¡Gracias a todos!

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